Empezar con lo que se tiene: el mensaje de Ricardo Cardozo para los agricultores paraguayos
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El tamaño del terreno no define el tamaño del futuro; define, apenas, el punto de partida. Con esa convicción, Ricardo Cardozo, productor de Paso Kurusu (departamento de San Pedro), invitó a sus colegas a animarse a empezar un proyecto agrícola. Su historia, compartida durante un acto de entrega de semillas certificadas realizado por APROSEMP en Maracaná, Canindeyú, fue utilizada como un mensaje directo a los agricultores: empezar con lo que se tiene, aprender, asumir riesgos y no abandonar ante las dificultades. Sobre el apoyo de Aprosemp les pidió "no desperdicien estas semillas".
Durante el reciente acto de entrega de semillas certificadas de soja realizado en Maracaná (Canindeyú), Cardozo compartió parte de su historia para animar a quienes todavía dudan en lanzarse a la producción. Su recorrido comenzó entre 2003 y 2004 con apenas nueve hectáreas prestadas, sin maquinaria y prácticamente sin herramientas. Más de dos décadas después, cultiva junto a su familia unas 4.700 hectáreas, un crecimiento basado en el esfuerzo progresivo que demuestra hasta dónde se puede llegar cuando se toma la decisión de avanzar.
Frente a sus colegas, resumió esa filosofía con una pregunta tan retadora como liberadora: “¿Cómo van a poder otros y yo no? Yo sí puedo, tengo que poder”, recordó, al comentar que era la frase que se repetía a sí mismo cuando su proyecto agrícola era todavía un sueño.
Un sueño que comenzó en la infancia
El vínculo de Cardozo con la agricultura mecanizada nació mucho antes de pisar un tractor. De niño, observaba en programas de televisión aquellos grandes campos trabajados con tecnología de punta y soñaba con llegar algún día a ese nivel.
El productor recordó que antes de trabajar por cuenta propia, pasó 12 años como jornalero en campos ajenos. Esa experiencia fortaleció su determinación. Cuando finalmente tuvo la oportunidad de cultivar sus primeras nueve hectáreas, no tenía tractores ni herramientas manuales adecuadas. Lo único que le sobraba era convicción.
“Mi principal herramienta era querer trabajar. Me decía a mí mismo: quiero hacerlo y voy a hacerlo; quiero hacerlo y tengo que hacerlo. Algún día voy a tener mi propia maquinaria”, relata.
El crecimiento fue progresivo. En 2008, tras años de esfuerzo y perseverancia, consiguió su primer tractor. Con una sonrisa, recuerda la anécdota de cuando los enviados desde Asunción llegaron a entregárselo: él estaba trabajando en una carbonería y, al presentarse, notó la sorpresa en el rostro de quienes lo visitaban al ver su aspecto humilde. Para él, ese contraste marcó el inicio de una nueva etapa.
Aprender de quienes ya producen
En su recorrido, Cardozo siempre apostó por la colaboración antes que por la rivalidad. Al referirse a la presencia de productores extranjeros y menonitas en el campo paraguayo, su postura es clara: hay que observar, aprender y pedir ayuda sin prejuicios.
“No debemos mirar a los extranjeros con envidia ni enfrentarnos con ellos. Tenemos que observar lo que hacen bien y aprender de eso”, plantea. Asimismo, señala una barrera real para muchos pequeños productores locales: el idioma. Para los campesinos guaraní-hablantes, poder negociar y consultar en su propio idioma facilita enormemente el camino, un espacio que el crecimiento de empresas nacionales en la cadena productiva ayuda a dinamizar.
Una mala campaña no define el futuro
La trayectoria de Cardozo tampoco estuvo exenta de golpes duros. Recuerda con dolor la noche en que una tormenta destruyó por completo el tinglado donde guardaba su maquinaria, incluyendo un tractor y cosechadoras.
En medio de la desesperación, llamó al ingeniero Fabián Pereira, presidente de APROSEMP. La respuesta que recibió se convirtió en un pilar para levantarse: “Me dijo que no me preocupara, que teníamos que volver a levantarnos”.
Esa experiencia le dejó una enseñanza profunda sobre la agricultura: el crecimiento no es una línea recta. Las sequías y las pérdidas forman parte del riesgo, pero la clave está en cuidar la confianza con los proveedores. Cumplir en la medida de las posibilidades, aun tras una mala zafra, es lo que permite volver a abrir puertas al año siguiente.
A pesar de los embates climáticos recientes, Cardozo sigue viendo en los granos y las oleaginosas una de las mejores herramientas para generar ingresos reales en el campo. No obstante, aconseja no descuidar jamás la base: la seguridad alimentaria del hogar.
Mantener la producción de animales menores, mandioca, hortalizas y legumbres no compite con la agricultura comercial; la complementa y sostiene en tiempos difíciles.
Ricardo Cardozo compartió con Fabian Pereira en "Desafiando Límites" su historia de trabajo.
Formación y resiliencia: la oportunidad que debe aprovecharse
Con apenas el cuarto grado completado, Cardozo es el primero en valorar la educación, pero aclara que la falta de estudios formales nunca debe ser una excusa para quedarse detenido. Preguntar, buscar asesoramiento y aprender día a día son recursos tan vitales como cualquier insumo material.
Su mensaje conectó directamente con el propósito del encuentro en Maracaná: la entrega de 800 bolsas de semillas certificadas de soja (32 toneladas) articulada por APROSEMP y la UGP para pequeños productores de San Pedro y Canindeyú. Para él, recibir este material homologado por el SENAVE representa una responsabilidad y un trampolín que no se puede desaprovechar.
“Estas semillas tienen que ser cuidadas y aprovechadas. No podemos desperdiciar una oportunidad como esta. Tenemos que producir bien, cuidar el material y aprovechar al máximo lo que hoy llega a nuestras manos”, exhortó a los presentes.
Cerrando su intervención, recordó que nadie necesita tenerlo todo resuelto para empezar: “No cuento esto para presumir. Lo que quiero que vean es que se puede avanzar y que confíen en su propia capacidad. Yo comencé con nueve hectáreas y pude crecer; ustedes también pueden construir su propio camino. Solo quería animarlos. Hay que seguir adelante”.
