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El Niño deja de ser solo un fenómeno climático y se convierte en un factor de riesgo para la economía y los agronegocios

Autor

Silvia Martínez

Fecha de publicación

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El fenómeno de El Niño dejó de ser observado únicamente como un evento meteorológico para convertirse en una variable que los mercados financieros incorporan cada vez con mayor atención en sus análisis. Bancos de inversión y gestores de activos advierten que su intensidad y duración podrían influir sobre la inflación, la política monetaria y el comportamiento de los mercados, al tiempo que redefinen el mapa de ganadores y perdedores en la producción agropecuaria de América Latina.

De acuerdo con un análisis publicado por Bloomberg, los mercados ya están incorporando una "prima de riesgo climática", ante la posibilidad de que el fenómeno afecte la producción agrícola, la generación de energía y las cadenas globales de suministro.

"Si el fenómeno termina afectando las cosechas, la energía o las cadenas de suministro, el impacto podría extenderse mucho más allá del café, elevando la inflación, retrasando los recortes de tipos de interés, fortaleciendo al dólar frente a varias monedas latinoamericanas y alterando el comportamiento de las bolsas", señala Bloomberg.

Para Morgan Stanley, el debate ya no gira en torno a la ocurrencia del fenómeno, sino a la magnitud de sus efectos.

"El fenómeno de El Niño ya está confirmado, lo que desplaza el debate macroeconómico de su ocurrencia a su severidad, persistencia y cronología. Esperamos que los bancos centrales latinoamericanos ignoren los shocks alimentarios de primera ronda, pero que adopten medidas más restrictivas si los efectos indirectos desestabilizan las expectativas, los precios subyacentes o los componentes indexados", indicó la entidad.

Según el banco de inversión, la intensidad que alcance El Niño será determinante para medir el posible shock de oferta sobre alimentos y energía, un factor con capacidad de modificar las expectativas de inflación y, en consecuencia, las decisiones de política monetaria en la región.

Presión sobre los mercados agrícolas

Las materias primas constituyen el primer canal mediante el cual los efectos del fenómeno comienzan a trasladarse a la economía. Morgan Stanley sostiene que el mercado ha dejado de seguir únicamente la evolución del clima para concentrarse en el denominado "riesgo sobre las ventanas críticas de los cultivos", es decir, la posibilidad de que un episodio intenso coincida con las etapas de siembra, desarrollo, cosecha o transporte de los principales productos agrícolas.

Entre los commodities con mayor potencial de suba aparece el azúcar, debido a la combinación de menores lluvias previstas en India, Tailandia y otros países del sudeste asiático, junto con eventuales dificultades operativas en Brasil. El aceite de palma también figura entre los mercados más sensibles por el riesgo de sequías en Indonesia y Malasia.

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En el caso de los granos, el panorama es más heterogéneo. Mientras Argentina y el sur de Brasil podrían beneficiarse con mayores precipitaciones, regiones agrícolas del centro-oeste brasileño enfrentan un mayor riesgo de lluvias irregulares y temperaturas elevadas que podrían afectar la producción de soja y maíz.

Bradesco BBI considera que los sectores más expuestos serán la agricultura y las empresas de servicios públicos, aunque los efectos también podrían alcanzar a la minería y la construcción. No obstante, advierte que el impacto dependerá de la intensidad del fenómeno, la ubicación geográfica y el momento en que coincida con los ciclos productivos.

Por su parte, Rubén Dalfovo, estratega de Saxo Bank, sostuvo que "El Niño no es solo un fenómeno meteorológico regional, es una prueba de resistencia para las cadenas globales de suministro". Desde la entidad agregan que el impacto trasciende al productor agrícola y alcanza a fabricantes de alimentos, empresas de bebidas, distribuidores y minoristas, que podrían enfrentar mayores costos de materias primas, transporte y logística.

¿Qué puede ocurrir en Paraguay?

La experiencia paraguaya demuestra que los efectos de El Niño no son uniformes y dependen tanto de la intensidad del evento como del cultivo y la región del país.

Un estudio publicado en la Revista sobre Estudios e Investigaciones del Saber Académico, elaborado por los investigadores Edgar Mayeregger, Mabel Casco y Anara Vera, concluye que los rendimientos agrícolas mantienen una estrecha relación con las fases del fenómeno ENOS (El Niño-Oscilación del Sur), siendo los departamentos del sur de la Región Oriental los que registran las mayores variaciones productivas.

La investigación identifica que, durante los años de El Niño, la soja y el maíz suelen presentar una correlación positiva en sus rendimientos gracias a una mayor disponibilidad de agua, mientras que el trigo muestra una correlación negativa.

Sin embargo, los autores advierten que un mayor volumen de precipitaciones no siempre se traduce en mejores resultados productivos. Cuando el fenómeno alcanza niveles extremos, aparecen importantes dificultades operativas en las fincas, como la falta de piso para el ingreso de maquinaria durante la cosecha, además de una mayor incidencia de plagas y enfermedades favorecidas por el exceso de humedad.

El estudio recuerda como antecedente el evento extraordinario de El Niño de 1997-1998, considerado uno de los episodios que mayores perjuicios ocasionó al agro paraguayo precisamente por las interrupciones operativas y los problemas sanitarios que afectaron a los cultivos.

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Un riesgo que trasciende al clima

La creciente atención que los mercados financieros prestan a El Niño refleja que el fenómeno ya no representa únicamente un desafío para la producción agrícola. Su capacidad para alterar la oferta mundial de alimentos, modificar las expectativas de inflación y afectar las decisiones de los bancos centrales lo convierte en un factor económico de alcance global.

Para Paraguay, donde el agronegocio constituye uno de los principales motores de la economía, la evolución del fenómeno será seguida de cerca tanto por productores como por exportadores, industriales y actores financieros. Si bien una mayor disponibilidad hídrica puede favorecer algunos cultivos, la experiencia nacional demuestra que los eventos más intensos también incrementan los riesgos operativos, sanitarios y logísticos, factores que hoy son observados no solo por el sector agropecuario, sino también por los mercados internacionales.