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40 días para hacer historia: Así nació el primer Congreso para las mujeres del cooperativismo agropecuario

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Organizar un congreso nacional suele requerir meses de planificación. El Primer Congreso Nacional de Mujeres Cooperativistas Agropecuarias se concretó en apenas 40 días. Sin embargo, reducir esa historia al tiempo de organización sería quedarse con la parte más pequeña del proceso. Detrás de aquella jornada realizada el 3 de julio de 2026 había casi tres décadas de trabajo sostenido por el Subcomité de Señoras de la Cooperativa Pindó (SECOPI), una organización que evolucionó junto con las necesidades de sus socias hasta convertir la formación y el liderazgo femenino en uno de sus principales ejes de acción.

La idea del congreso surgió después de observar una realidad compartida por muchas mujeres del sector: existían encuentros vinculados al agro, pero ninguno pensado específicamente para las cooperativistas agropecuarias. Esa ausencia dio origen a una propuesta que buscó reunir, por primera vez, a mujeres de distintas cooperativas del país para hablar de liderazgo, gestión, producción, cooperativismo y desarrollo personal desde una identidad común.

Lo que comenzó como una iniciativa de la Cooperativa Pindó terminó convocando a representantes de cooperativas de distintos departamentos y abrió un espacio que muchas participantes ya consideran necesario para el movimiento cooperativo paraguayo.

Treinta años construyendo liderazgo

En febrero de 2027, el Subcomité de Señoras de Pindó cumplirá tres décadas de existencia. Durante ese tiempo, la organización evolucionó junto con las necesidades de las mujeres vinculadas a la cooperativa.

Los primeros años estuvieron marcados por cursos de costura, artesanía y cocina. Con el tiempo, la formación cambió de rumbo. Hoy, el objetivo principal es fortalecer capacidades para que cada mujer encuentre su propio espacio dentro del sector productivo.

Las capacitaciones incluyen administración agraria básica, manejo de documentación, organización financiera del establecimiento, liderazgo, desarrollo personal, autoestima y participación comunitaria.

La propuesta parte de una convicción sencilla pero profunda: reconocer que cada mujer tiene un papel relevante, independientemente de si es productora, profesional, ama de casa o colaboradora en la empresa familiar: "La idea es que cada mujer encuentre su lugar y comprenda la importancia que tiene, sin importar cuál sea su función."

Una pregunta que cambió todo

La idea del congreso comenzó a tomar forma varios años antes. Kamille Ritter había participado en encuentros de mujeres cooperativistas en Brasil y también asistía a diferentes eventos del agro paraguayo. En todos encontraba una constante: existían espacios para las mujeres rurales, pero ninguno que representara específicamente al cooperativismo agropecuario.

La reflexión se volvió más fuerte después de representar a la Confederación Paraguaya de Cooperativas (CONCOPAR) en un encuentro nacional donde fue la única expositora encargada de hablar sobre cooperativismo.

Aquella experiencia dejó una pregunta difícil de ignorar, si las cooperativas concentran una parte tan significativa de la producción nacional de carne, leche y granos, ¿por qué las mujeres cooperativistas no tenían un espacio propio para compartir experiencias y visibilizar su aporte?

La inquietud terminó convirtiéndose en un proyecto. Primero fue una conversación con las integrantes del subcomité. Luego llegó la presentación formal al Consejo de Administración de la Cooperativa Pindó.

La respuesta fue afirmativa. A partir de ese momento ya no había marcha atrás.

Cuarenta días para hacer historia

El proyecto fue aprobado en mayo de 2026. La fecha elegida era estratégica: el 3 de julio, en coincidencia con el Día Internacional del Cooperativismo y con el Año Internacional de la Mujer Agricultora promovido durante 2026.

Había apenas cuarenta días para organizar un encuentro nacional. El desafío parecía enorme, sin embargo, poco a poco comenzaron a confirmarse los principales conferencistas invitados, especialistas en economía, cooperativismo, liderazgo femenino e historia de las mujeres paraguayas. También se conformó un panel integrado por productoras y dirigentes cooperativistas que compartieron experiencias de liderazgo desde el territorio.

Para Ritter, muchas de esas coincidencias fueron difíciles de explicar: "Todo empezó a encajar. Personas con agendas muy complejas confirmaron su participación y el programa tomó forma casi naturalmente."

Mucho más que un ciclo de conferencias

El contenido del congreso fue diseñado para responder a una pregunta concreta: ¿qué necesitan hoy las mujeres cooperativistas?

La respuesta combinó diferentes dimensiones, se habló del impacto económico del cooperativismo, del liderazgo femenino, de la historia de las mujeres paraguayas, del desarrollo personal, de la motivación y de experiencias concretas de mujeres que hoy ocupan espacios de decisión dentro de las cooperativas.

La intención nunca fue organizar únicamente una jornada académica. El objetivo era construir un espacio donde las participantes pudieran reconocerse unas a otras, intercambiar experiencias y fortalecer una identidad común dentro del cooperativismo.

Una convocatoria que superó las expectativas

La organización había previsto un máximo de 150 participantes, considerando la capacidad del auditorio de la Cooperativa Pindó.

No sabían si asistirían ochenta mujeres o si lograrían completar el cupo. La estrategia fue abrir simultáneamente las inscripciones para las socias de Pindó y para las demás cooperativas del país, con el apoyo de la Federación de Cooperativas de Producción (FECOPROD), la Confederación Paraguaya de Cooperativas (CONCOPAR) y otras organizaciones del sector.

La respuesta fue inmediata, participaron mujeres provenientes de cooperativas de Alto Paraná, Caazapá, Itapúa, Guairá y otros departamentos, representando a entidades como Colonias Unidas, Pirapó, Naranjito, Copronar, Copazán, Copeduc y Serecoop, entre otras.

Los 150 lugares disponibles se completaron antes de la fecha prevista y las inscripciones tuvieron que cerrarse.

Para las organizadoras, esa fue la primera señal de que el sector estaba esperando un espacio de estas características.

El verdadero éxito comenzó al terminar

El cierre del congreso dejó una imagen que ninguna de las organizadoras esperaba. Antes incluso de finalizar la jornada, muchas participantes preguntaban cuándo sería la siguiente edición, algunas pedían que las asistentes de este año tuvieran prioridad para volver a participar.

Más que una evaluación institucional, aquello fue una confirmación emocional, había nacido una comunidad.

Ahora el desafío pasa por definir el formato de la próxima edición, analizar una sede con mayor capacidad de alojamiento y estudiar la posibilidad de extender el encuentro a dos días para incorporar recorridos técnicos y nuevas instancias de intercambio.

La segunda meta será también sumar instituciones y cooperativas que acompañen la iniciativa como aliadas, luego de que la primera edición fuera organizada íntegramente con recursos de la Cooperativa Pindó.

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El primer paso

Después de hablar sobre organización, logística y cooperativismo, Kamille Ritter vuelve siempre al mismo punto: las grandes transformaciones empiezan con acciones pequeñas.

Ese es también el mensaje que deja para las mujeres del sector agropecuario: "No necesitamos hacer grandes cosas para empezar. Si tenemos un sueño o un propósito, hay que dar el primer paso. Después vienen los siguientes."

Su reflexión sintetiza también el espíritu cooperativo: Ningún logro importante se alcanza en soledad.

Las pequeñas acciones individuales, cuando se convierten en trabajo colectivo, terminan transformando comunidades enteras y quizás esa sea la mayor enseñanza que dejó el primer Congreso Nacional de Mujeres Cooperativistas Agropecuarias: demostrar que el liderazgo femenino en el cooperativismo paraguayo no apareció de un día para otro.

Fue el resultado de años de formación, confianza, organización y trabajo compartido. Porque, como resume Ritter, "juntos somos más fuertes".