Del hospital al campo: Laura Castillo de Dueck, enfermera y ganadera “Para mí el campo es libertad. Era la pieza que le faltaba a mi vida”
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Laura Castillo de Dueck encontró en la tierra mucho más que un trabajo. Halló una forma de sanar, una conexión profunda con sus raíces y un espacio desde el cual impulsa a otras mujeres a ganar terreno en los agronegocios como embajadora de Mujeres Protagonistas del Agro.
Hay giros que parecen casualidad, pero que en realidad acomodan las piezas del rompecabezas. Las primeras imágenes que Laura recuerda en el entorno rural están en el campo de su abuela, entre visitas infantiles que en ese momento parecían simples vacaciones. Años más tarde, ya convertida en enfermera, volvería a los escenarios productivos sin imaginar que estaba transitando un camino que siempre le perteneció.
Hoy se define con orgullo como hija, madre, esposa y mujer de campo. Desde hace cuatro años trabaja codo a codo en la producción ganadera junto a su esposo, Norbert, aunque su vínculo con el sector se remonta mucho más atrás.
"Gracias a Protagonistas me di cuenta de que vengo de una familia muy agraria", confiesa, al recordar su participación en el Encuentro Internacional de Mujeres Protagonistas del Agro en el 2025. Esa revelación le devolvió una memoria afectiva y familiar que siempre había estado ahí, esperando el momento de florecer.
“Voy al campo y me sana”
Su primer lazo profesional con el ámbito rural no nació entre corrales, sino desde la salud. Una de sus primeras asignaciones la llevó a Santa Rita, en pleno corazón agrícola paraguayo. Allí convivió con productores, recorrió comunidades y conoció de cerca el ritmo de la soja y el maíz: "Yo era feliz trabajando entre la soja, el maíz, visitando la casa de los agricultores", recuerda.
Más adelante, cuestiones familiares la obligaron a trasladarse a Asunción. La adaptación a la ciudad fue dura para alguien que ya respiraba la libertad del campo. La pandemia marcó entonces un punto de inflexión. En medio del desgaste extremo del personal sanitario, conoció a su esposo, quien le propuso cambiar de vida.
El agotamiento físico y mental la llevó a terapia. En una charla íntima, Norbert le hizo una pregunta clave: "Laura, ¿te gusta, verdad, el campo?". La respuesta fue tan honesta como liberadora: "Sí. Me gusta, porque me voy y me sana".
La transición no fue una ruptura, sino la llegada de la pieza que le faltaba a su vida. Su bautismo de fuego en el Chaco fue rotundo: una intensa jornada de vacunación de quinientas cabezas donde no aflojó el ritmo.
Hoy, juntos, recorren entre trescientos y quinientos kilómetros semanales gestionando distintos establecimientos entre ganadería, agricultura y servicios. Es una dinámica impredecible y vibrante: "En el campo siempre hay cambios. Tal vez hoy me despierto con un plan y de repente sale otra cosa y ya estás haciendo algo diferente", comenta con una sonrisa contagiante.
Conocimiento técnico para ocupar espacios
Esa pasión no se quedó en la práctica cotidiana; Laura decidió elevar la vara académica y actualmente cursa una maestría en producción animal. Para ella, el amor por la tierra es el motor, pero el rigor técnico es la llave maestra.
Esa misma solidez técnica es la que le permitió ganar respeto en un ámbito históricamente masculinizado. Lejos de la confrontación estéril, su postura es clara: los espacios se defienden con preparación, estudio y bases sólidas. Su mensaje para las jóvenes que temen no encontrar su lugar en el sector es directo: capacitarse y mantenerse firmes.
Redes que abren caminos
Su llegada a la red Mujeres Protagonistas del Agro, gracias a la conexión con Isabel Estigarribia, potenció su liderazgo. No solo encontró un espacio de networking y apoyo mutuo, sino una comunidad que la impulsó a visibilizar el trabajo de las productoras en el Chaco y Concepción.
Para Laura, el futuro del agro depende de que las nuevas generaciones no pierdan el vínculo con la tierra. Su visión resume la esencia de su recorrido en una frase heredada de su madre que hoy convierte en estandarte: "Las barreras se rompen, y se rompen con mucha fuerza, astucia e inteligencia".
De enfermera a productora ganadera, Laura Castillo de Dueck demuestra que cuando la vocación se respalda con conocimiento, el campo no es solo un medio de vida, sino una verdadera transformación personal.
