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Agricultura

La escala no define el potencial productivo: APROSEMP insta a los pequeños agricultores a incorporar tecnología

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El presidente de APROSEMP, Fabián Pereira, sostiene que la adopción tecnológica, el manejo técnico y la determinación empresarial pueden transformar pequeñas unidades agrícolas en negocios competitivos. A partir de experiencias de productores paraguayos, plantea la necesidad de fortalecer la integración entre la agricultura familiar y el sector empresarial.

El tamaño de una explotación agrícola no tiene por qué determinar su potencial de crecimiento. Para Fabián Pereira, presidente de la Asociación de Productores de Semillas del Paraguay (APROSEMP), la diferencia está en cómo se gestiona la unidad productiva, qué tecnologías se incorporan y cuánto se aprovechan las oportunidades de mejora. Desde esta perspectiva, el dirigente gremial instó a los pequeños productores a superar las limitaciones que tradicionalmente se atribuyen a la agricultura familiar y asumir un papel más activo en la modernización del campo paraguayo.

Durante un encuentro con productores de San Pedro y Canindeyú, Pereira, destacó la importancia de construir vínculos entre las empresas y los agricultores familiares. A su criterio, las organizaciones del sector deben contribuir a conectar a los productores con herramientas, conocimientos y oportunidades que les permitan mejorar su desempeño y avanzar hacia modelos de producción más eficientes.

El dirigente sostuvo que el desarrollo de una unidad agrícola no depende exclusivamente de la superficie disponible. La incorporación de tecnología, el cuidado de cada etapa del proceso productivo y la aplicación de criterios técnicos pueden marcar diferencias en los resultados, incluso en explotaciones de pequeña escala. El desafío, en ese sentido, consiste en transformar el esfuerzo individual en una estrategia productiva capaz de generar ingresos sostenibles y nuevas oportunidades para las familias rurales.

Tecnología y acceso: desafíos para la agricultura familiar

Pereira también hizo hincapié en la necesidad de facilitar el acceso de los pequeños productores a tecnologías e insumos que contribuyan a mejorar sus sistemas de producción. En ese contexto, destacó el valor de la semilla certificada, cuyo desarrollo requiere entre siete y ocho meses de trabajo especializado, según explicó, con procesos de limpieza, depuración y control de calidad destinados a garantizar la pureza varietal.

El acceso a materiales de siembra de calidad constituye un componente relevante de la planificación agrícola. Sin embargo, para que su potencial se traduzca en mejores resultados, debe complementarse con un manejo agronómico adecuado y decisiones ajustadas a las condiciones de cada explotación.

En materia de innovación, el titular de APROSEMP señaló que el gremio trabaja junto con empresas tecnológicas, entre ellas Bayer, para promover mecanismos que faciliten la incorporación de nuevas herramientas por parte de los productores, especialmente en las etapas iniciales de adopción. El propósito es reducir las barreras de acceso y ampliar las posibilidades de que la agricultura familiar participe de los avances tecnológicos del sector.

A este desafío se suma la seguridad jurídica sobre la tierra. Pereira señaló la titulación como un elemento fundamental para que las familias rurales puedan trabajar con mayor tranquilidad y contar con mejores condiciones para proyectar inversiones y consolidar sus actividades productivas.

Integración productiva para generar oportunidades

La propuesta planteada por Pereira trasciende la entrega puntual de insumos. Su visión apunta a una mayor articulación entre empresas, gremios y pequeños agricultores, de manera que la cooperación se traduzca en capacidades productivas y oportunidades concretas de desarrollo.

Desde esta perspectiva, propone que la modernización del campo paraguayo requiere superar la idea de que la tecnología y la producción competitiva están reservadas exclusivamente a las explotaciones de gran escala. También demanda que los productores familiares incorporen herramientas de gestión, fortalezcan sus conocimientos técnicos y planifiquen sus actividades con una perspectiva de sostenibilidad económica.

El desafío consiste en convertir el acceso a insumos y tecnología en mejoras duraderas de productividad, calidad y rentabilidad. Para Pereira, el pequeño productor debe reconocerse como parte activa del sistema agropecuario, con posibilidades de crecer y contribuir al desarrollo del país cuando cuenta con las herramientas adecuadas y asume un compromiso sostenido con la mejora de su producción.