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Agricultura, Ganaderia

A 91 años de la Paz del Chaco: el territorio defendido que hoy produce, alimenta y construye futuro

Autor

Silvia Martínez

Fecha de publicación

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El 12 de junio de 1935 cesaban las hostilidades de la Guerra del Chaco. Noventa y un años después de la firma de la paz entre Paraguay y Bolivia, el territorio que fue escenario de uno de los conflictos más importantes de Sudamérica continúa escribiendo una historia diferente: la de la producción, el trabajo organizado y el desarrollo de comunidades que transforman una región que durante décadas fue considerada inhóspita.

La defensa del Chaco no fue solamente una cuestión de soberanía. También fue una apuesta al futuro. Hoy, ese futuro puede medirse en población, producción agropecuaria, infraestructura, investigación científica, integración social y oportunidades económicas que se expanden sobre más de la mitad del territorio nacional.

De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadísticas, los departamentos chaqueños albergan actualmente 211.586 habitantes. Presidente Hayes concentra 123.313 personas, Boquerón 71.078 y Alto Paraguay 17.195 habitantes. Una característica destacable es que prácticamente la mitad de la población sigue viviendo en áreas rurales, demostrando el fuerte vínculo entre el desarrollo regional y las actividades productivas.

Dentro de esta población se encuentran miles de familias indígenas pertenecientes a distintos pueblos originarios, que forman parte esencial de la identidad y la construcción social del Chaco paraguayo. Su presencia, conocimientos y participación constituyen una dimensión inseparable del desarrollo regional.

Un sistema productivo complejo

La ganadería continúa siendo la principal actividad económica de la región y uno de los pilares del posicionamiento internacional de Paraguay como exportador de carne.

Actualmente, los tres departamentos chaqueños reúnen cerca de 5,8 millones de cabezas bovinas, distribuidas entre Presidente Hayes, Boquerón y Alto Paraguay. Si bien los registros recientes muestran una reducción del stock ganadero respecto a 2020, la evolución del sector ya no se mide únicamente por cantidad de animales, sino por mejoras en productividad, genética, manejo ambiental, infraestructura y acceso a mercados, según datos relevados y analizados por la Mesa Paraguaya de la Carne Sostenible.

La transformación del Chaco moderno está vinculada a la profesionalización de la producción y a la incorporación de tecnología adaptada a condiciones climáticas exigentes, permitiendo que la actividad pecuaria siga siendo el principal motor económico regional.

La evolución del mapa productivo

Uno de los cambios más significativos de las últimas décadas ha sido la expansión agrícola, datos que están registrados (aún no se tienen datos del 2026) por el Instituto de Biotecnología Agrícola (INBIO), la Cámara Paraguaya de Exportadores y Comercializadores de Cereales y Oleaginosas (Capeco) y el Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG).

La superficie destinada al maíz pasó de 15.570 hectáreas en la campaña 2017/18 a 56.888 hectáreas en 2021/22. La soja, por su parte, experimentó una expansión aún más notable: desde apenas 2.749 hectáreas en 2012/13 alcanzó más de 131.000 hectáreas en la campaña 2023/24, generando una producción superior a las 114.000 toneladas.

Aunque la campaña 2025 mostró una reducción del área sembrada respecto al año anterior, la agricultura chaqueña ya se consolidó como una realidad productiva que complementa la ganadería y fortalece la diversificación económica regional.

Una comunidad organizada

Si existe una característica que explica gran parte del desarrollo chaqueño es la capacidad de organización colectiva.

Las cooperativas Chortitzer, Fernheim y Neuland construyeron durante más de nueve décadas un modelo de trabajo basado en la cooperación, la inversión productiva y la creación de servicios para sus asociados. Esa experiencia permitió posteriormente impulsar instituciones como la Fundación IDEAGRO, orientada a la investigación, la transferencia tecnológica, la capacitación y el desarrollo científico aplicado a la producción agropecuaria.

El trabajo conjunto también dio origen a iniciativas empresariales regionales como Pioneros del Chaco S.A., integrada por las principales cooperativas productivas de la región. La empresa impulsó un parque industrial, una industria aceitera y servicios de acopio de granos estratégicamente ubicados sobre la Ruta Bioceánica, agregando valor a la producción generada en el propio territorio chaqueño.

El desarrollo del Chaco no puede comprenderse sin considerar la participación de las comunidades indígenas, originarias de la zona. Experiencias como la Asociación de Servicios de Cooperación Indígena-Menonita (ASCIM) muestran cómo el trabajo articulado entre organizaciones indígenas y productivas ha permitido impulsar programas de capacitación, salud, educación, fortalecimiento organizacional y desarrollo agropecuario, respetando la autonomía y la iniciativa de cada comunidad.

Este modelo de cooperación constituye uno de los ejemplos más relevantes de construcción social en el Chaco paraguayo, donde el progreso económico busca avanzar junto con la inclusión y el fortalecimiento comunitario.

Producción y sostenibilidad: la nueva frontera

En zonas de expansión productiva como Agua Dulce, en Alto Paraguay, productores organizados trabajan bajo esquemas que combinan crecimiento económico y conservación ambiental.

La implementación de sistemas de pastoreo regenerativo, la integración agrícola-ganadera, la conservación de amplias superficies naturales y los proyectos de certificación ambiental muestran una nueva etapa del desarrollo chaqueño, orientada a responder a las exigencias de los mercados internacionales y a la necesidad de preservar ecosistemas estratégicos como el Pantanal y el Chaco Seco.

En un escenario en donde la comunidad de Agua Dulce logró coordinar también con sus vecinos, la población boliviana más cercana, para conectarse con infraestructura e impulsar en fraternidad una mejor calidad de vida, protegiendo el escenario natural.


La paz que sigue construyéndose. La historia que se sigue escribiendo...

Noventa y un años después de la firma de la paz, el mejor homenaje a quienes defendieron el Chaco quizá sea observar cómo aquel territorio continúa generando oportunidades.

La región todavía enfrenta enormes desafíos: infraestructura, conectividad, acceso a servicios, resiliencia climática y crecimiento poblacional. Sin embargo, los avances son evidentes. Donde antes predominaban el aislamiento y la incertidumbre, hoy existen cadenas agroindustriales, centros de investigación, cooperativas, comunidades indígenas organizadas, industrias, corredores logísticos y miles de familias que encuentran en el Chaco un lugar para producir y desarrollarse.

Durante la Expo Pioneros 2026, el presidente de Pioneros del Chaco Adolf Kauenhowen resumió una de las principales enseñanzas que deja la historia productiva de la región: quien llega al Chaco buscando resultados rápidos probablemente se equivoque de camino. El Chaco recompensa a quienes trabajan con paciencia, cooperan, invierten y aportan al desarrollo colectivo.

Quizás allí se encuentre la mayor lección de estos 91 años. La Guerra del Chaco fue una disputa por un territorio. El desarrollo del Chaco es la construcción permanente de un país. Y mientras Paraguay celebra este año su regreso a una Copa del Mundo después de 16 años y la emoción vuelve a unir a los paraguayos dentro y fuera de sus fronteras, también vale la pena recordar que las grandes victorias nacionales no ocurren solamente en los estadios.

Se construyen cada día, muchas veces lejos de los reflectores, en los campos, en las comunidades y en las empresas que apuestan por el futuro. Porque así como hoy el país festeja un sueño largamente esperado, llegará el momento, de celebrar los nuevos triunfos del Paraguay que se construye desde el Chaco.

A nueve décadas de la Paz del Chaco, la producción se consolida como la mejor expresión de soberanía.