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Agricultura

Genética, conservación y productividad: los avances que fortalecieron a la industria semillera paraguaya

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La evolución del mejoramiento genético, la incorporación de sistemas especializados de conservación y el aprovechamiento de la soja de zafriña permitieron mejorar la calidad de las semillas producidas en Paraguay. Breno Bianchi destaca estos avances como parte del salto productivo del agro nacional, pero advierte que sostener la innovación requiere fortalecer la certificación, proteger la propiedad intelectual y avanzar en el debate sobre el uso propio de semillas.

Breno Bianchi, fundador de la Asociación de Productores de Semillas del Paraguay (APROSEMP), destaca que uno de los cambios más significativos se observa en la velocidad del mejoramiento genético. Mientras que décadas atrás podían transcurrir alrededor de 15 años para obtener una nueva variedad, actualmente el sector dispone de materiales renovados cada dos o tres años.

La evolución también se refleja en los rendimientos. Bianchi recuerda que, en los primeros años de su actividad, el potencial productivo de la soja rondaba los 2.000 kilos por hectárea, mientras que hoy existen variedades capaces de alcanzar registros de hasta 6.000 kilos.

Este salto fue posible gracias al trabajo conjunto de agricultores, técnicos, empresas e instituciones que impulsaron la incorporación de nuevas tecnologías, variedades y prácticas de manejo.

“Estas nuevas tecnologías, estas nuevas variedades hicieron el gran salto para el crecimiento de la productividad en el país”, sostiene Bianchi.

La conservación de semillas, un punto de inflexión

Entre los avances que marcaron la evolución de la industria, Bianchi destaca la incorporación de sistemas especializados de conservación de semillas, una innovación que permitió superar algunas de las limitaciones climáticas que enfrentaba la producción nacional.

Recordó que a comienzos de los años 2000, las empresas semilleras buscaban alternativas para mejorar la calidad de los materiales obtenidos en Paraguay. Una de las dificultades estaba relacionada con las altas temperaturas de la cosecha de soja durante enero y febrero. Los granos podían llegar del campo a temperaturas de entre 40 y 41 grados, una condición poco favorable para conservar la viabilidad de la semilla.

En aquel momento, existía la percepción de que Brasil y Argentina producían semillas de mejor calidad debido a condiciones climáticas más favorables. Sin embargo, importar esos materiales implicaba asumir costos de transporte, despachos aduaneros y otros gastos logísticos.

La alternativa surgió de aprovechar la disponibilidad de energía eléctrica en Paraguay para generar artificialmente condiciones adecuadas de conservación.

Bianchi recuerda que entre 2000 y 2001 comenzaron a implementar un sistema de almacenamiento que identifica como "coold seed" en la entrevista, orientado a controlar las condiciones de conservación de las semillas. La tecnología terminó extendiéndose entre empresas semilleras y también fue incorporada en establecimientos de Brasil.

El aprovechamiento de la producción de soja de zafriña para obtener semillas de alta calidad

La posibilidad de adelantar la siembra, junto con la utilización de variedades de ciclo más corto, permitió desarrollar un esquema de producción que aprovechaba las condiciones climáticas de los meses más frescos. Aunque los rendimientos comerciales de esas parcelas podían ser inferiores a los de la zafra principal, la calidad del grano obtenido resultaba especialmente favorable para su utilización como semilla.

La cosecha de mayo y junio, seguida de procesos de acondicionamiento, conservación y estandarización, permitió fortalecer la oferta nacional de materiales. A ello se sumó la incorporación de sistemas de embolsado en distintos formatos, incluidas las bolsas convencionales y los Big Bags, con alternativas de semillas tratadas y listas para la siembra.

Para Bianchi, esta combinación de tecnologías permitió que Paraguay alcanzara niveles de calidad capaces de competir con materiales provenientes de otros mercados.

El desafío de sostener la innovación

El crecimiento tecnológico de la industria semillera también exige condiciones que permitan sostener las inversiones en investigación, desarrollo y mejoramiento genético.

En ese sentido, Bianchi considera que la certificación y el respeto a la propiedad intelectual son fundamentales para garantizar la continuidad de la innovación. Las empresas obtentoras necesitan recuperar las inversiones realizadas para desarrollar nuevas variedades y ponerlas a disposición de los agricultores.

Uno de los problemas que preocupa al sector es la baja participación de semillas certificadas en el mercado paraguayo. Según las estimaciones mencionadas por Bianchi, su utilización se encuentra por debajo del 30%, mientras que el resto corresponde a semillas de uso propio y materiales comercializados fuera de los canales legales.

Esta situación plantea un desafío para la industria, especialmente porque la multiplicación y comercialización irregular de variedades puede afectar el reconocimiento de la propiedad intelectual, el pago de regalías, los controles sobre los campos de producción y las obligaciones tributarias.

El referente gremial también advierte sobre la presencia de eventos biotecnológicos que todavía no cuentan con aprobación o normalización en Paraguay. La demora en estos procesos, combinada con la demanda de nuevas tecnologías por parte de los productores, puede favorecer el ingreso y la multiplicación de materiales sin las autorizaciones correspondientes, advirtió.

Para Bianchi, avanzar en la normalización de estos eventos y fortalecer los mecanismos de fiscalización es necesario para dar previsibilidad a las inversiones y garantizar condiciones de competencia: "Ser bueno y ser legal, es bueno para todos. Y todo el agricultor y toda la semillería que hace ese sistema de legalidad y de la certificación de semilla está contribuyendo con el fisco y con toda la cadena productiva", expresó.

Uso propio

Dentro de esta discusión, Bianchi introduce una distinción importante: la defensa de la certificación y de la propiedad intelectual no significa desconocer el derecho del agricultor al uso propio de semillas.

El entrevistado recuerda que la legislación paraguaya sobre semillas contempla el uso propio como un privilegio del productor, bajo las condiciones establecidas por la normativa, entre ellas que la semilla provenga de la adquisición de un material certificado en el año anterior.

Por lo tanto, considera necesario diferenciar esa práctica de la multiplicación y comercialización irregular de semillas, que puede vulnerar los derechos de propiedad intelectual y las disposiciones que regulan la producción y comercialización.

El debate tiene implicancias directas para toda la cadena: mientras los agricultores buscan alternativas para administrar sus costos y asegurar la disponibilidad de materiales para sus campañas, las empresas semilleras necesitan mecanismos que protejan las inversiones realizadas en genética y desarrollo tecnológico.

El desafío consiste en encontrar un equilibrio entre los derechos contemplados en la legislación, las necesidades productivas de los agricultores y las condiciones necesarias para que la industria continúe invirtiendo e innovando.

Bianchi considera que la formalización del mercado debe involucrar tanto a las empresas como a los productores y a los organismos de control. La meta no es restringir el avance tecnológico, sino garantizar que su incorporación se realice bajo reglas transparentes y con reconocimiento a quienes participan en su desarrollo.

Productividad y competitividad, una agenda permanente

La importancia de la industria semillera se refleja también en el aporte de la agricultura paraguaya a los mercados internacionales.

Bianchi menciona que el país alcanza entre 10 y 11 millones de toneladas de productos destinados a la exportación, en un contexto de expansión y diversificación de la producción agrícola. La soja mantiene su protagonismo, mientras que el maíz gana espacio por sus múltiples aplicaciones y por la creciente demanda brasileña.

Para sostener esa posición, considera fundamental que los agricultores continúen teniendo acceso a nuevas variedades y tecnologías que les permitan mejorar sus rendimientos y responder a las exigencias del mercado.

Actualmente, las empresas obtentoras ponen a disposición de los productores nuevos materiales prácticamente todos los años. Ese proceso requiere inversiones permanentes y un entorno que reconozca el valor de la investigación y del mejoramiento genético.

El desafío de la industria semillera paraguaya, entonces, no se limita a producir materiales de calidad. También pasa por consolidar un mercado formal, fortalecer la certificación, ordenar los procesos de aprobación de nuevas tecnologías y mantener un diálogo equilibrado sobre el uso propio y la propiedad intelectual.