Los menores costos de producción posicionan al Chaco como una alternativa competitiva para la agricultura
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Manuel Ferreira destacó que las condiciones productivas del Chaco permiten reducir gastos en labores agrícolas y fertilización, generando puntos de equilibrio más bajos frente a la incertidumbre internacional en los precios de los insumos.
La estructura de costos de producción constituye una de las principales ventajas competitivas de la agricultura en el Chaco paraguayo, así lo señaló el economista Manuel Ferreira durante la presentación de la plataforma de comunicación "El Chaco que tenés que conocer", al analizar cómo las particularidades productivas de la región pueden contribuir a sostener la rentabilidad agrícola en un escenario internacional marcado por la volatilidad de los costos.
Ferreira advirtió que la dependencia de combustibles fósiles representa un factor de vulnerabilidad para la producción agrícola. Como ejemplo, mencionó que el encarecimiento de los combustibles llevó a un incremento de entre el 20% y el 25% en los costos de laboreo en el periodo de un año, incluso en un contexto de caída del dólar.
Frente a esta situación, sostuvo que el Chaco presenta condiciones que permiten amortiguar parte de esas presiones. La menor humedad característica de la región reduce la necesidad de realizar determinadas labores agrícolas, especialmente en comparación con campañas de la Región Oriental en las que las condiciones climáticas exigen más aplicaciones fitosanitarias.
“Nosotros tenemos una menor cantidad de laboreo”, explicó Ferreira, al señalar que en el Chaco podrían requerirse alrededor de tres fumigaciones, frente a siete u ocho en determinadas circunstancias de la Región Oriental. Esta diferencia repercute directamente en los costos y puede contribuir a mejorar los márgenes de la actividad.
Producir soja sin fertilizantes
Otro elemento que destacó el economista es la fertilidad de los suelos del Chaco Central, cuyas características permiten producir soja sin necesidad de incorporar fertilizantes en las condiciones actuales que describió durante su exposición.
Según Ferreira, esta condición contribuye a mantener costos de producción relativamente bajos. Como referencia, estimó un costo cercano a los US$ 400 por hectárea para la campaña mencionada en su presentación.
En un escenario internacional en el que los precios de los combustibles, los fertilizantes y algunos agroquímicos están sujetos a fuertes incertidumbres, contar con una estructura de costos menos expuesta a determinadas variaciones representa una ventaja para los productores.
El economista sostuvo que estas características se reflejan en puntos de equilibrio más bajos, un factor especialmente relevante en una actividad en la que los resultados dependen tanto de los rendimientos obtenidos como de la evolución de los precios de los productos y los insumos.
La rotación e integración
No obstante, Ferreira señaló que el desarrollo agrícola chaqueño todavía requiere resolver desafíos técnicos y económicos. Uno de ellos es consolidar sistemas de rotación que permitan combinar la productividad de la soja con otros cultivos que aporten cobertura al suelo y sean económicamente viables.
El sorgo y el maíz forman parte de las alternativas evaluadas, aunque sus resultados muestran que los beneficios agronómicos no siempre se traducen en una rentabilidad suficiente. En el caso del sorgo, por ejemplo, destacó su capacidad para generar una buena cobertura del suelo, pero advirtió que las pérdidas ocasionadas por las aves pueden reducir significativamente su retorno económico.
La búsqueda de alternativas de rotación que respondan a las condiciones del Chaco será, por tanto, importante para sostener el crecimiento agrícola sin comprometer la viabilidad de los establecimientos.
Ferreira también identificó posibilidades de diversificación mediante cultivos como el arroz y el algodón, aunque señaló que todavía existen aspectos por desarrollar para consolidar estas opciones.
En su análisis, el potencial agrícola del Chaco está vinculado tanto a las condiciones naturales que favorecen determinados costos de producción como a la capacidad de seguir adaptando tecnologías y sistemas de cultivo a las particularidades de la región.
El desafío será aprovechar esas ventajas y, al mismo tiempo, continuar mejorando la eficiencia productiva para sostener la competitividad de la agricultura chaqueña en el mediano y largo plazo.
